Entre constantes, paralelismos

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    Entre constantes, paralelismos es una exposición dual que reúne la producción artística de Karian Amaya y Raúl Rebolledo no con el afán de trazar analogías o correspondencias, sino para producir un punto de encuentro —más allá de las concordancias inmediatas o de sus contrastes notorios— entre dos artistas activos en la escena del arte contemporáneo que trabajan hacia el exterior desde la ciudad de Guadalajara.

    La predilección por el cobre, mármol y minerales configuran en la práctica de Amaya una serie de obras que evocan las formas del paisaje natural y desértico, presentes en su producción a partir de rupturas, fragmentos y restos. La artista oriunda de Chihuahua se enfoca en los metales y las piedras preciosas para inferir su materialidad poética, cuya misma condición matérica le posibilita explorar las capas del tiempo, lo perdurable de las palabras y las historias de la tierra.

Su producción órbita alrededor de las industrias extractivas de minerales en México, explorando la historia de la explotación y extracción minera en el país. Su medio, la materia que se hace así misma en el transcurso del tiempo, deviene en formas meta escultóricas. A menudo adoptando la forma de un péndulo, homenaje al viento (Oda al aire, 2021); poemas haikus que aseguran su remembranza inscritos sobre cobre (Invisible poems, 2021); obras que anhelan las pinturas rupestres (Vestigios, 2021); y en fotografías que recuperan la materialidad del mar y del viento (The Beauty of the Passage of Time, 2021).

    Los símbolos vinculados a la violencia sistémica, al crimen y, a las políticas represivas que emergen del sistema social capitalista constituyen la carne de cañón en la práctica de Rebolledo. En su cuerpo de obra se legislan una serie de experiencias críticas al tiempo que critican el estado de crisis y momentos de agonía, en contextos de precarización laboral, especulación financiera y delincuencia, desplegando así una serie de estrategias y tácticas conceptuales que de muchas maneras trastocan e interpelan el ánimo y la indiferencia colectiva.

    Obras como Cocaine, Bullet & Minumun Wage (2015-2019) —tríptico que anuda en cifras la cocaína, balas y salario mínimo— revela a través de lo sutil e imperceptible una máquina de guerra. El cuerpo-mercancía en la trama del mundo globalizado queda expuesto en tanto volumen, peso y forma (Unkowns, 2021); sus siluetas en el paisaje son contorneadas en hojas de oro, para exponer de nueva cuenta, un acto de familiaridad y extrañamiento, cuerpos encontrados embolsados; mientras que Secula Seculorum 10.533 (2021) trabaja con la imagen evaporante y latente, imágenes desconcertantes que sólo pueden ser asimiladas bajo la lupa de la furia.

Ambas prácticas artísticas operan por oposición: las obras de Amaya, duras; firmes; pesadas, abordan la fragilidad, la subjetividad y la inconsistencia. Mientras tanto, las obras de Rebolledo, ligeras; volátiles; impecables, exploran lo ominoso, la muerte y lo abyecto.

Marco Valtierra octubre 2021