ABRIGO DE ROCA

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Desde mediados del siglo XIX, el interior doméstico se empezó a perfilar como un lugar común en el que se desenvuelve la vida cotidiana. Desde esa época, del mismo modo, comienza a figurar como objeto de especulación de numerosos autores. La literatura inicial sobre esta locación espacial comprende desde los primeros libros sobre arreglo o diseño hasta textos o novelas clásicas que son, en sí, tratados sobre el interior doméstico, como lo son “The Philosophy of Furniture” (1840) de Edgar Allan Poe o la delirante À rebours (1884) escrita por Joris-Karl Huysmans. En el proyecto filosófico que Walter Benjamin dilucidó en la década de 1930, el interior ocupaba un lugar protagónico. Por ejemplo, dedicó una sección (Konvolut) a este espacio en su proyecto inconcluso de Los Pasajes. En una de sus entradas escribió:
 
“Interior doméstico del siglo XIX. El espacio se disfraza – viste, como una criatura seductora, los trajes de los estados de ánimo” y lo compara a “un estado de ánimo”: el de “la intoxicación por hachís” que “se concentra en la satisfacción satánica, el conocimiento satánico, la calma satánica, indicando precisamente hasta qué punto el interior del siglo XIX es en sí mismo un estímulo para la embriaguez y el sueño.”
 
Sin estar exento de cierta ambigüedad, el trabajo de estos autores pone de manifiesto cómo el interior representa una locación con el potencial de dislocar experiencias habituales, entre otras, en lo relativo a la percepción del tiempo y de la memoria así como las relaciones que se sostienen cotidianamente con los objetos. Estas cuestiones pueden ser identificables ya que parten de experiencias comunes y compartidas que acontecen en el interior doméstico, mismas que parecen escapar de los vínculos que un discurso puede articular.
 
Abrigo de roca trata sobre este espacio interior, como una situación que permite alterar órdenes temporales y materiales. Un espacio-otro, que bajo cierta disposición puede permitir distintos tipos de experiencias. El satanismo al que alude Benjamin en su cita trata precisamente sobre esto: Sobre alterar el orden del “bien” que rige la vida cotidiana y que se relaciona, dentro de la producción del autor alemán, con la idea del capitalismo que se vive como religión.
 
Si bien puede evocar una imagen extraña, el título de esta exposición se refiere a las secciones de las montañas y laderas que conservan pinturas arcaicas; sitios que pudieron haber sido de los primeros espacios simbólicos en los que se entablaron relaciones a través de imágenes.

Daniel Garza Usabiaga

Artistas: Lucía Oceguera, Jorge Rosano Gamboa, Carlos Vielma, Alicia Ayanegui, Maximiliano Rosiles
 

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